El siglo XVIII "de las luces". Pensadores ilustrados, enciclopedistas y revolucionarios contra la esclavitud
 

En el siglo XVIII, la Ilustración fue un movimiento intelectual que sometía a crítica todas las actividades humanas y que llegó a afectar a las estructuras de la sociedad. Sus pensadores eran formadores de opinión cada vez más radicalizados, especialmente en Francia en donde difundieron los ideales de Libertad e Igualdad de la Revolución.
Fue tan grande en este país la influencia, sobre todo, del grupo de los enciclopedistas que todos los actores que intervinieron en los acontecimientos que desencadenaron la Revolución defendían aunque fuese en parte, alguna de sus ideas. Los ministros del rey deseaban abolir los privilegios feudales de la nobleza y el clero, e instaurar un impuesto igualitario que sacase a Francia de la bancarrota. Por su parte, la nobleza y el clero se opusieron a la medida mediante revueltas de carácter antiabsolutista y con el apoyo de los magistrados de los Parlamentos regionales. Finalmente, cuando el rey replicó convocando los Estados Generales, pensando en instaurar el impuesto con los votos de la burguesía y el pueblo llano, se encontró que estos últimos deseaban acabar, a la vez, con los privilegios feudales y con el absolutismo.
También fueron las ideas defendidas por ilustrados e enciclopedistas las que se impusieron en 1794, cuando la Convención, elegida por sufragio universal masculino, fue el primer parlamento nacional que abolió la esclavitud.
Aunque Napoleón la restauró, al precio de millares de vidas, el proceso de abolición era ya irreversible y vio su culminación durante el siglo XIX.

MONTESQUIEU, inspirador de la primera constitución francesa de 1791, en Mis Pensamientos rompe con la resignación o aceptación de su estado por parte del esclavo, propugnada en las epístolas de San Pedro y San Pablo:

"Un esclavo puede pues liberarse; le está permitido huir. Como que no forma parte de la Sociedad, las leyes civiles no le conciernen.

"La guerra de Espartaco ha sido la más legítima que jamás se haya emprendido"

ROUSSEAU, cuyas ideas inspiraron la fase más democrática, más igualitaria y finalmente abolicionista de la Convención escribe en El Contrato social:

"La fuerza ha hecho los primeros esclavos, su cobardía los ha perpetuado."

"El más fuerte no es jamás tan fuerte como para ser siempre el señor, a no ser que transforme su fuerza en derecho y la obediencia en deber"

"...deducen de la guerra otro pretendido origen del derecho a esclavizar. Teniendo el vencedor, según ellos, el derecho de matar al vencido, este puede rescatar su vida al precio de su libertad; convención tanto más legítima que beneficia a ambas partes.
Pero está claro que el pretendido derecho de matar a los vencidos no es en modo alguno consecuencia del estado de guerra...
...La guerra no es una relación de hombre a hombre, sino de Estado a Estado, en la cual los particulares solo accidentalmente son enemigos, pero no como hombres, ni siquiera como ciudadanos, sino como soldados; ni siquiera como miembros de la patria, sino como sus defensores. En fin, cada Estado solo puede tener como enemigo a otros Estados y no a hombres, dado que entre cosas de diversa naturaleza no se puede establecer ninguna relación verdadera.
...Al ser la finalidad de la guerra la destrucción del Estado enemigo, se tiene derecho de matar a los que lo defienden, mientras tengan las armas en la mano; pero tan pronto como las deponen y se rinden, cesando de ser enemigos o instrumentos del enemigo, vuelven a ser simplemente hombres y no se tiene ya derecho sobre su vida. Incluso a veces se puede matar al Estado sin matar a uno solo de sus miembros. Así pues la guerra no da ningún derecho que no sea necesario a su finalidad."

"Si la guerra no da ningún derecho al vencedor de masacrar a los pueblos vencidos, este derecho que no posee no puede ser el fundamento del de esclavizarlos."

"Estas palabras, esclavitud y derecho, son contradictorias; se excluyen mutuamente".

DIDEROT escribía en 1772:

"La verdadera noción de propiedad implica el derecho de uso y de abuso. Jamás un hombre puede ser la propiedad de un soberano, un hijo la propiedad de un padre, una mujer la propiedad del marido, un criado la propiedad de un dueño, un esclavo la propiedad de un colono"

En la Enciclopedia que Diderot dirigió (auxiliado durante un periodo de tiempo por D’Alambert) se escribe en la definición de Esclavitud:

"La ley del más fuerte, el derecho de la guerra injurioso a la naturaleza, la ambición, la sed de conquistas, el amor de la dominación y de la comodidad, introdujeron la esclavitud que para vergüenza de la humanidad, penetró en casi todos los pueblos del mundo. En efecto, no sabríamos poner los ojos sobre la Historia Sagrada, sin descubrir en ella los horrores de la servidumbre. La Historia de los Griegos, de los Romanos, y de todos los pueblos que pasan por ser los más cultivados, son igualmente monumentos de esta antigua injusticia ejercida, con mayor o menor violencia, sobre toda la faz de la tierra, a través de los tiempos, los lugares y las naciones."

CONDORCET, pensador, matemático y economista que fue diputado durante la Revolución, próximo a los girondinos, es un ejemplo de aquellos intelectuales convertidos en políticos por las circunstancias históricas revolucionarias.

Antes, en su obra firmada con el seudónimo de M. Schwartz, “Reflexiones sobre la esclavitud de los negros”, había replicado a dos argumentos muy utilizados por los esclavistas: el de la ayuda que les prestaban otros negros y el de la necesidad de los esclavos:

"...el infame comercio de unos bandidos de Europa, alumbra entre los Africanos guerras casi continuas, cuyo único motivo es el deseo de hacer prisioneros para venderlos. A menudo, los mismos Europeos fomentan las guerras con su dinero o con sus intrigas; de manera que son culpables, no sólo del crimen de reducir a unos hombres a la esclavitud, sino también de todos los crímenes cometidos en África para preparar este crimen. Poseen el arte pérfido de excitar la codicia y las pasiones de los Africanos, de comprometer al padre a entregar a sus hijos, al hermano a traicionar a su hermano, al príncipe a vender a sus súbditos.”

"Si tuviera la necesidad absoluta de los caballos de mi vecino para cultivar mi campo, ello no me daría el derecho a robárselos.¿Por qué, pues iba a tener derecho a obligarle a él, a cultivar para mí? Esta pretendida necesidad no cambia nada en esto, y no convierte la esclavitud en menos criminal por parte del dueño.”

"Invención" oportunista del Racismo
Los esclavistas cínicamente planteaban como “necesaria” la difusión de la idea racista de la inferioridad de los negros, en especial entre los mismos negros, y lograron que la Asamblea Constituyente no reconociese en la Constitución de 1791, la igualdad de derechos a los negros libres, aún cuando fuesen propietarios.
En una publicación escrita por un propietario de ingenios azucareros en la parte francesa de Santo Domingo, cuya población se estima que podía ser de 580.000 a 700.000 habitantes, de los cuales sólo unos 36.000 eran blancos, puede leerse: “el número de esclavos siendo infinitamente superior al de los blancos, los medios más poderosos no pueden derivarse de la fuerza física. Deben en consecuencia ser extraídos de la fuerza moral. Es pues, conservando la opinión que establece una gran distancia entre el blanco y el negro, que se puede anular la fuerza real”.

DIPUTADOS ABOLICIONISTAS
Los diputados abolicionistas como el Abate Gregoire, Dupont de Nemours o Robespierre, cuyos argumentos no fueron oídos en 1791, lograron imponerse en la fase más democrática de la Revolución, la de la Convención elegida por sufragio universal (masculino), y consiguieron que se aboliese la esclavitud. A continuación se recogen algunas de sus intervenciones parlamentarias.

El ABATE GREGOIRE, fue uno de los miembros más activos de la Sociedad de Amigos de los Negros, obispo constitucional (elegido por los feligreses) de Blois y diputado jacobino que defendió con éxito la emancipación de la comunidad judía y la igualdad de derechos de los protestantes. En sus discursos parlamentarios afirmó:

"Qué extraña contradicción sería que después de haber decretado la libertad de Francia, fueseis con vuestros decretos los opresores de América”.

"A menudo se nos presenta el cálculo prestigioso de los intereses de la metrópoli, en el cual creo encontrar las viles combinaciones del egoísmo. Insistiis en la conservación de la trata y la servidumbre de los negros, por unas superfluidades, destinadas a satisfacer necesidades ficticias, que son el precio de su libertad, y que les fuerzan a decir un eterno adiós a su patria. Son conducidos de las regiones africanas, cargados de cadenas, a los campos de América, para compartir la suerte de los animales domésticos, porque necesitáis azúcar, café, alcohol de caña. ¡Indignos mortales, comed antes hierba, y sed justos!.

¿Cuándo cesarán de decirnos que unas conveniencias políticas deben inclinar la justicia y doblegar el rigor de sus leyes? .... la estabilidad, la felicidad de los imperios, resultan de la feliz concordancia de los principios políticos con los de la justicia”.

"La esclavitud degrada a la vez a los dueños y a los esclavos, endurece los corazones, apaga la moralidad y prepara todas las catástrofes”.

ROBESPIERRE, principal dirigente del primer parlamento nacional que abolió la esclavitud, estaba ideológicamente muy influenciado por Rousseau. En la Asamblea Legislativa, en el debate sobre la igualdad de derechos criticó el argumento -que se oirá en España durante el siglo siguiente- de que todo progreso de la población negra sometida puede significar una rebelión de los blancos y la perdida de las colonias:

"Perderéis vuestras colonias -se nos dice- si no arrancáis sus derechos a los ciudadanos libres de color.

Y ¿por qué perderéis vuestras colonias? Porque una parte de los ciudadanos -los que se llaman los Blancos- quieren exclusivamente gozar de los derechos de ciudadanía. Y estos son los mismos que se atreven a deciros por medio de sus diputados: si no nos concedéis en exclusiva los derechos políticos estaremos descontentos; vuestro decreto traerá el descontento y el disturbio a las colonias; pueden haber consecuencias funestas; temed las consecuencias del descontento.

He aquí un partido faccioso que os amenaza con incendiar vuestras colonias, con disolver sus lazos con la metrópoli, si no confirmáis sus pretensiones.

Yo pido en primer lugar, a la Asamblea Nacional, si es digno de unos legisladores hacer transacciones de esta naturaleza con el interés, la avaricia, el orgullo de una clase de ciudadanos. Yo me pregunto si es político decidirse según las amenazas de un partido para traficar con unos derechos de hombre, con la justicia y la humanidad.

Además Señores, me parece que esta objeción puede oponerse a los mismos que la hacen. Si los Blancos, por un lado os hacen esta objeción, los hombres de color pueden, por su parte, haceros otra semejante y deciros: si nos arrancáis nuestros derechos, estaremos descontentos, y pondremos el mismo coraje en defender nuestros derechos sagrados e imprescriptibles -pues nos vienen de la naturaleza- que obstinación pondrán nuestros adversarios en su voluntad de arrancárnoslos.”

"A partir del momento en que pronunciaréis la palabra esclavo, habréis pronunciado vuestro propio deshonor."

DUPONT de NEMOURS, diputado revolucionario francés, en un discurso a favor de la igualdad de derechos de los negros libertos, critica cada uno de los grupos sociales en que se dividen los colonos esclavistas:

"Qué se opone a los derechos... Se opone la repugnancia de una pueril vanidad, el deseo de conservar en las colonias un grado adicional de nobleza, pues hasta el presente los colonos han estado tan lejos de vuestros principios que aun tienen las siete ordenes de nobleza como los siete coros de ángeles y de arcángeles. Existen los nobles blancos, que allí no han dejado de usar sus títulos, algunos de los cuales os harían reír en Europa. Existen los grandes Blancos propietarios. Existen los pequeños Blancos que debéis saber que no es que midan tres pies y cuatro pulgadas, sino que son un atajo de gente sin patria, sin leyes, sin moral, entregados a los más vergonzosos desenfrenos y a los oficios más viles: Es esta pequeña clase de pequeños Blancos que en América está más orgullosa de su nobleza blanca que los verdaderos colonos, los más ricos propietarios.”

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